CÉSAR LUIS MENOTTI: UN VIAJE EN GLOBO COMO HOMENAJE

CÉSAR LUIS MENOTTI: UN VIAJE EN GLOBO COMO HOMENAJE

El Círculo Patricios organizó una charla en la que reunió al profe Signorini, a Miguel Brindisi y a los periodistas Guillermo Blanco y Fernández Moores.

Hay entrenadores que transforman la táctica, otros que transforman la vida y otros que hacen todo eso junto, y además son docentes. La persona en las que se engloban esas virtudes es un hombre que conquistó a los jugadores con su conocimiento encumbrado en el asfalto y la cultura. Un ser del fútbol, del potrero y las aventuras barriales: Cesar Luís Menotti. Una personalidad distinguida por su oralidad y el vuelo poético que le puso a sus equipos.

Describió el fútbol como “un hecho cultural, un lugar de representatividad y expresión” y siempre, entre otras cosas, lo comparó con la música por la dependencia de sus intérpretes para que llegue a lo más profundo del corazón. Menotti murió hace dos años y su ausencia, en los libretos austeros de un juego mudado a los escritorios de los grandes contratos, ha liberado a un más los escombros de la trinchera intelectual para dejar libre tránsito en tierra arrasada por la tecnificación de atletas que solo corren, corren y corren, una carrera hacia una promesa de salvación.

En la era que solo hay renglones para los éxitos y un glosario de términos complejos para un juego que el único interés que despierta es en las apuestas, volver sobre “El Flaco” oriundo de un barrio de Rosario llamado Fisherton, es una brazada de esperanza en medio del naufragio. El club Círculo Patricios decidió homenajear a Menotti y convocó a Fernando Signorini (histórico preparador físico de Diego Maradona), Guillermo Blanco (periodista que cubrió siete mundiales y acompañó a Maradona en Barcelona y su primera etapa en Nápoles), Miguel Brindisi (gloria del Huracán del ’73) y Ezequiel Fernández Moores (periodista y escritor, autor de Menotti, el primero).

“Arquitecto de una idea. Defensor del juego bien jugado. Maestro de generaciones”, dice el cártel de entrada al club que se ubica en Av. Caseros, pleno corazón de Parque Patricios. La jornada consignó a las distintas voces invitadas su oportunidad para exponer sobre El Flaco y se formó un tejido coral con los asistentes que se ubicaron en el hall central, y aportaron alguna pastillita con la emoción del recuerdo. “Es el tipo que luchó hasta el último momento de su vida por una idea de fútbol”, dijo Moores al describir que a los 39 años ya había ganado un campeonato del mundo.

Por su parte Ángel Cappa, con un video desde España, hizo hincapié en “el estilo y la identidad de juego” del Flaco, algo que nunca negoció en favor de buenos resultados. Con su pedagogía supo trasladar el potrero al campo de juego y consiguió que sus equipos interpreten el sentimiento de jugar a la pelota. “Siempre pregonaba que había que respetarse a uno mismo a través del juego y que así íbamos a atrapar. Y ese Huracán del ’73 lo hizo de esa manera, por eso llenaba las canchas y las convocatorias eran masivas. Nos seguían hinchas de otros equipos porque los atraía nuestro fútbol”, dijo Brindisi.

“El Flaco tenía algo que no es común. Tenía la capacidad de influir sobre la sensibilidad desde la inteligencia, desde la palabra docente. No imponía nada. Tenía un poder seductor y atorrante, te abría la cabeza, te hacía pensar”, leyó Néstor Varrone, presidente de Círculo Patricios y amigo de Menotti, para completar el recuerdo del entrenador. “No hablaba solo de fútbol. Hablaba de la vida, la dignidad, de música, de la belleza y la responsabilidad de ser quien uno es… Hoy celebro al hombre que nos dejó una marca que no se borrará nunca. Celebro a alguien que nos enseñó a sentir y a vivir con dignidad, a un verdadero maestro y a un gran amigo”, concluyó entre lágrimas y el cálido aplauso de los participantes.

En la pantalla se ve una foto con su melena símil Cruyff y un cigarrillo que va directo a su boca. Es la pose de un entrenador, pero también la de un pensador al que estéticamente no lo daba todo lo mismo. Es el bohemio, amigo de sus amigos, que frecuentaba la nocturnidad para largas tertulias sobre la vida y la cultura. Es Menotti y su legado, el que vive en Pablo Aimar, entre algunos otros, que pregona el juego y la diversión por encima de lo homogéneo y la pasteurización.

“El poder económico se empieza a apoderar y desaparecen las organizaciones…primero se devoran los escenarios que son fundamentales. El Colón y la Opera de París no son importantes por la construcción sino por las artistas que pasan por ahí. Los grandes escenarios nuestros se desdibujan, se juega en cualquier hora, cualquiera juega y eso de cada vez más…un plato de milanesa está bueno, pero dos o diez platos de milanesa, terminas por hartarte”, dice Menotti en una entrevista donde mira el fútbol a través del prisma de la historia.

Y concluye: “La cantidad de partidos, la cantidad de prensa y comentarios, creo que atenta contra la calidad. Cualquier tipo quiere estar en el fútbol porque es un buen negocio. Un pibe que hace periodismo ni se preocupa por aprender. No lee, escribe mal, cosa que, en mi época escribían bien. No se trata de saber de fútbol, pero hay que escribir bien. Se pone muy fea la cosa”, concluye en este gran reportaje de archivo que está en YouTube dividido en varias partes, subido en la cuenta de Koala contenidos.