COPARTICIPACIÓN, SUELDOS Y SENTENCIA: CÓMO ATRAVESAR LA TORMENTA
Se suele decir que estamos en la misma tormenta, pero no en el mismo barco. La coparticipación sigue cayendo y Nación restringe ayudas extraordinarias. Se discute sobre sueldos y el Superior Tribunal acaba de dejar de lado a la cláusula gatillo. Veamos los números de este Chaco.
Arrancamos planteándonos un interrogante, pero buscando datos ciertos: ¿es exagerado hablar de tormenta cuando describimos la situación económica de la provincia? Lejos de cualquier dramatización, los números parecen ir acomodando las nubes en un cielo cada vez más oscuro.
El punto de partida sigue siendo concreto. La coparticipación cayó un 8% en términos reales durante los dos primeros meses de 2026. Traducido a la vida cotidiana del Estado, eso implica unos $ 40.000 millones menos en apenas 60 días. No es un detalle menor. Mucho menos cuando, al mismo tiempo, se interrumpieron por completo las llamadas transferencias discrecionales desde Casa Rosada. Las últimas llegaron en diciembre de 2025: $ 40.000 millones acordados en octubre para cubrir el déficit previsional (todavía bajo auditoría del Ministerio del Interior para todas las provincias) y $ 15.000 millones sumando distintos conceptos. Desde entonces, nada más.
En paralelo, la estructura de gastos no ofrece margen para la sorpresa. La masa salarial estatal trepa hoy a $ 185.000 millones. Ese número se sostiene, fundamentalmente, con la coparticipación federal, cuyo monto neto ronda los $ 180.000 millones. La cuenta es sencilla y, al mismo tiempo, inquietante. Vale recordar que la coparticipación tiene dos caras: el monto bruto asciende a unos $ 230.000 millones proyectados a marzo de 2026. Después surge el "neto", tras descontar fondos especiales, transferencias a ANSES y otras retenciones.
Desde hace tiempo, los salarios del Estado absorben un porcentaje altísimo de esos recursos. Por eso, una caída como la registrada en el inicio del año no hace más que tensar un esquema que ya venía exigido. La metáfora climática deja de ser un recurso literario y empieza a parecer una descripción bastante ajustada.
A esto se suma como factor los compromisos acumulados. La provincia arrastra obligaciones que exigen una ingeniería financiera permanente. El caso más evidente es el bono internacional, que exige pagos de 40 millones de dólares en febrero y agosto de cada año. Para cumplir, hasta ahora se recurrió a anticipos de coparticipación y a emisiones en el mercado local. Herramientas válidas, sí, pero transitorias. El problema es evidente. Si no mejora la recaudación genuina, el margen de maniobra se achica inexorablemente.
La coparticipación cayó un 8% en términos reales durante los dos primeros meses de 2026. El principal factor es la recaudación del IVA, golpeada por la retracción del consumo interno.
¿CAIDA O TROPIEZO?
Cuando se busca explicar esta caída de ingresos, las miradas coinciden. El principal factor es la recaudación del IVA, golpeada por la retracción del consumo interno en todo el país. La pérdida del poder adquisitivo es un dato objetivo. En menor medida, también incidió la baja del IVA en importaciones, producto de un stock acumulado en los primeros meses. Aunque desde el Ministerio de Economía de la Nación se presenta esto como un beneficio impositivo, lo cual es cierto, el efecto también implica una caja más chica y una masa coparticipable más reducida.
Los números de fondo refuerzan el diagnóstico. En los últimos dos años se perdieron más de 22.000 pymes y cerca de 300.000 puestos de trabajo. En ese contexto, una economía como la chaqueña —históricamente más frágil— queda particularmente expuesta. Cuando el viento sopla fuerte a nivel nacional, aquí se siente antes y se disipa después.
Mientras tanto, desde el plano macroeconómico, el rumbo no parece alterarse. La apuesta oficial sigue siendo un esquema con anclas claras —entre ellas, la salarial— con la expectativa de reordenar los fundamentos de la economía. Sin embargo, los síntomas de tensión se multiplican. La mora en billeteras virtuales alcanza el 25% y en préstamos personales bancarios supera el 11%.El endeudamiento de los hogares ya equivale al 140% de sus ingresos mensuales. Creemos que estas señales difícilmente pasen desapercibidas para la primera línea del equipo nacional.
VIENTO A FAVOR
En medio de este panorama, hay sectores que transitan una suerte de "primavera floreciente". Minería, petróleo, agro y ganadería muestran resultados altamente favorables. Sin embargo, su capacidad de "derrame" es limitada, ya que no son actividades intensivas en empleo ni en distribución de ingresos. Para Chaco, la mirada vuelve inevitablemente al campo, con todas sus virtudes y sus riesgos.
La producción agropecuaria local debe bailar al ritmo del riesgo climático que combina con singular creatividad años de ganancias, de sequía o de inundaciones, aleatoriamente. A eso se suma una desventaja estructural, que es la distancia respecto del corredor central Buenos Aires-Rosario-Córdoba, que obliga a los productores a esfuerzos adicionales.
En este punto, resulta difícil no detenerse en un episodio reciente. Durante la apertura de sesiones del Congreso el 1 de marzo, el presidente Javier Milei afirmó que el rendimiento del algodón en Chaco era de 600 kilos por hectárea, cotejándolo con los 1.400 kilos de Brasil. El dato es incorrecto. La última campaña mostró rindes de entre 1.800 y 2.500 kilos por hectárea, con picos de 4.000 kilos en casos excepcionales. La diferencia no es menor y por ello no entendemos por qué nadie corrigió públicamente ese dato absolutamente errado del mandamás del país.
Detrás de la cifra disminuída cabe una acusación de haraganería o, al menos, de faltos de tecnología instalada para mejorar los rindes. En cualquier caso, es injusto tratar de improductivos a quienes se desloman (hermoso término muy vapuleado en las últimas semanas) aun en condiciones de marginalidad comparativa. Es que detrás de esos números hay una discusión más profunda. Si se parte de diagnósticos erróneos, las políticas también pueden equivocarse. Eso incluye decisiones sensibles, como la apertura absoluta de importaciones de telas cuando existe producción local capaz de sostener una cadena de valor, como la industria textil.
La historia reciente ofrece otro ejemplo. En 2021, el entonces gobernador Capitanich anunció un acuerdo con empresarios chinos para instalar tres granjas porcinas, con una inversión de 129 millones de dólares y la promesa de 360 empleos por complejo. La iniciativa naufragó en pocas semanas frente a durísimos cuestionamientos de organizaciones ambientalistas. Más allá de las razones, lo cierto es que se perdió una oportunidad de diversificación productiva.
Si se parte de diagnósticos erróneos, las políticas también pueden equivocarse. Eso incluye decisiones sensibles, como la apertura tiotal de importaciones de telas cuando existe producción local capaz de sostener una cadena de valor, como la industria textil.
SUELDOS Y GATILLOS EN LA JUSTICIA
A mediados de esta semana, en el ámbito judicial se vivió un momento que condicionó toda la discusión salarial. La Sentencia 70/2026 del Superior Tribunal de Justicia abordó el conflicto por los salarios docentes. El fallo reconoció la necesidad de actualización, pero descartó la restitución automática de la cláusula gatillo. Ordenó actuar con urgencia, pero sin imponer un mecanismo específico.
De hecho, el fallo dividido de los cinco jueces mostró a las claras lo complejo del tema en cuestión. Se impuso el criterio de separar las aguas con las obligaciones del Poder Ejecutivo y del Legislativo. Por supuesto, es materia que si fuera por discutir podríamos seguir hasta dentro de tres años.
Sin embargo, desde aquí creemos que en la evaluación del STJ además de un análisis de la inocultable restricción presupuestaria, también se impusieron los antecedentes. Los jueces chaqueños saben, por el cuero propio, que teniendo sentencias favorables en varias instancias (incluso de la Suprema Corte de Justicia) para que equipararan sus salarios a la media nacional, igual tuvieron que aguardar años para que el entonces gobernador Jorge Capitanich avanzara en un ajuste salarial. Mucho tiempo después de la acumulación de fallos, se dispuso un esquema de aumentos salariales progresivos, tras una extendida conversación que terminó por reconocer solamente la media regional (y no la nacional como decía en las sentencias) como parámetro.
Seguramente los jueces del STJ conocen que en febrero de 2026, el INDEC fijó en $ 1.397.672 el ingreso necesario para no caer en la pobreza. En Chaco, los sueldos promedio están entre un 60% y un 70% por debajo de ese umbral. La brecha es contundente. Pero la discusión no puede agotarse en los salarios. La provincia tiene múltiples obligaciones y recursos limitados. Sin un modelo productivo claro, la dependencia de la coparticipación se vuelve un techo difícil de romper. Recibir la cuarta mayor masa de fondos del país ya no alcanza.
Los jueces chaqueños saben, por el cuero propio, que teniendo sentencias favorables en varias instancias (incluso de la Suprema Corte) para que equipararan sus salarios a la media nacional, igual tuvieron que aguardar años para que el entonces gobernador Jorge Capitanich avanzara en un ajuste salarial.
PORCIONES Y RACIONES
En ese marco, surge una pregunta incómoda pero necesaria. Si a los economistas porteños le pedimos siempre que sepan ver las urgencias de cada economía regional, ¿qué responsabilidad asumimos de advertir a fondo la realidad de la caja de la Provincia, como para seguir exigiendo cada sector llevar "algo más" para su lado?
Mientras algunos resultados arrancan alegrías en bancos, minería, petróleo y campo, debemos asumir que el resto enfrenta un deterioro sostenido en sus ingresos y en su calidad de vida. El escenario está atravesado por una decisión política de fondo que es sostener el déficit fiscal cero como eje central.Un programa de un Gobierno nacional que impone límites concretos a cualquier intento de expansión del gasto y que, además, tuvo un masivo respaldo electoral hace solo cinco meses.
Así, el debate queda abierto. Las tensiones son evidentes y las respuestas no son sencillas. Tal vez el mayor desafío sea asumir la complejidad sin simplificaciones. Porque si algo deja en claro este recorrido es que no hay una sola causa ni una sola solución. Mientras tanto, la sensación que se instala es conocida. Es como si replicáramos a hámsteres que giran en su rueda, con esfuerzo constante, pero sin un destino claro.
En definitiva, las cifras aprietan y todas las decisiones condicionan los siguientes pasos. Estamos navegando en aguas turbulentas. Tal vez la clave no sea solamente atravesar la tormenta, sino definir el rumbo hacia un horizonte productivo claro. No se trata de una tarea fácil, pero sí inevitable.

Por David Gauna
D.CH



















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