“ESTE ES EL FAMOSO RIVER, EL FAMOSO RIVER PLATE”

“ESTE ES EL FAMOSO RIVER, EL FAMOSO RIVER PLATE”

Publicado en el marco de los 125 años de la fundación del club, este trabajo recorre los hitos, los grandes equipos, las figuras destacadas, las camisetas, las canciones, el descenso y también Madrid... Un gran viaje al pasado, con regreso al presente.

“Los hinchas, jugadores, técnicos y dirigentes de River que reniegan de las cábalas deberían saber que usamos la banda roja de manera ininterrumpida desde hace casi 100 años gracias a una superstición, la de haber creído que esa franja en diagonal que nos masajea el corazón nos concedía, además, buena suerte. Si hay una derrota a la que tendríamos que agradecerle, es a la goleada 5 a 0 que sufrimos contra Independiente como visitantes por la 16ª fecha del torneo de 1932, el 26 de junio. Recientemente apodados los Millonarios, aquel domingo jugamos con la camiseta titular de entonces, a rayas verticales blancas y rojas –a diferencia de los años anteriores, en 1932 no tenía columna negra, es decir, la tradicional tricolor–, que tras la derrota sería considerada yeta, portadora de infortunio. Ya al partido siguiente, bendecida por una victoria contra Racing, la banda roja quedaría para siempre como nuestra indumentaria titular. Sinónimo de grandeza, inmunizada contra las derrotas y quintaesencia del ser de River, en noviembre de ese año saldríamos campeones por primera vez en el profesionalismo”.

El párrafo pertenece al reciente libro del periodista Andrés Burgo, Este es el famoso River. 125 años Historias desconocidas de títulos, jugadores, camisetas, banderas y canciones (Planeta). El autor, reconocido hincha millonario, aporta datos novedosos con motivo de los 125 años del club que se cumplen este lunes.

El libro comienza con una mirada quirúrgica sobre los primeros años del club que luego sería millonario, pero que a comienzos del siglo XX era un rejunte de voluntades que pateaban una pelota en terrenos del barrio de La Boca. Se llamaban Santa Rosa (luego se unirían a los jugadores de La Rosales) y lo manejaban principalmente “tres pibes de menos de 15 años”: Leopoldo Bard, Enrique Salvarezza y Enrique Balza. Antes de llegar a Núñez, los echaban de todos lados; incluso fueron a jugar a un terreno en Avellaneda.

Burgo, gran referente literario del club (Ser de River en las buenas y en las malas La final de nuestras vidas son algunas de sus crónicas), parte de esta historia inicial para llegar a estos tiempos en 35 capítulos imperdibles para cualquier riverplatense o amante de la historia de nuestro fútbol.

Entre tantos detalles, recuerda que uno de los primeros apodos fue el de Darseneros, por su ubicación. Hace memoria sobre tiempos en que los de River y los de Boca eran amigos. No solo entre sus hinchas, sino también entre sus jugadores y dirigentes, que llegaron incluso a prestarse futbolistas. Resulta llamativa la crónica sobre el gran Amadeo Carrizo y su debut con la novedad de los guantes para atajar, una suerte de llamado de atención para sus colegas y generaciones siguientes: hoy es imposible que un arquero no se proteja las manos. Burgo se jacta además de la mayoritaria presencia de jugadores de River en la historia del seleccionado nacional. Refiere a manosantas y rememora partidos con arqueros que no eran arqueros cuando el puesto, por diversas circunstancias, quedaba vacante; también dará cuenta de jugadores que hicieron historia en River aun sin ser parte de River o de futbolistas que regalaron gloria y después sucumbieron al olvido.

En 300 páginas, lleva a sus lectores por un viaje en el tiempo que se prolonga hasta nuestros días. Destaca a la recordada Máquina, pero también a los olvidados Los guerrilleros, en 1939, equipo en el que asomó Ángel Labruna, el máximo ídolo. Reemplazaron a los titulares y fueron alentados con un fervor inusitado. La prensa –escribe Burgo– hablaba de “un espectáculo de tanta emoción como hacía mucho no se presenciaba en nuestro fútbol”. También nos recuerda al River que jugó ante San Lorenzo en el primer partido de fútbol transmitido en directo, en 1951. Después, cuenta que en el 91 fue también River el protagonista del primer partido pago (o codificado), ante Rosario Central.

Hay datos de color, como este: “La pelea decisiva contra el invasor alienígena en El Eternauta, la historieta publicada en 1957 –y llevada a la pantalla en 2025– se desató en el Monumental entre citas a Labruna y sus compañeros de La Máquina. El guionista, Oesterheld, creó al protagonista, Juan Salvo, como un aficionado al fútbol que, en medio de la resistencia a los Cascarudos, recuerda que poco tiempo atrás había trepado las tribunas de River para el homenaje a Angelito. En su versión original, el Eternauta dice en una de las viñetas: ‘Por fuerza me encontré pensando en el pasado. ¿Cuánto tiempo hacía? Cuando yo subía aquellas gradas buscando un buen lugar... Fue cuando el homenaje a Labruna. Era un jueves y el estadio estaba lleno a pesar del día hábil. Volvió a jugar la famosa delantera de Pedernera, Moreno y otros’”.

Nos recuerda la tragedia de la Puerta 12, los ninguneos dirigenciales a la Copa Libertadores en sus primeras ediciones, al Monumental como escenario del primer título mundial del seleccionado argentino, en 1978. Hay espacio para las peleas entre dirigentes y jugadores; uno de los casos emblemáticos es el de Norberto Alonso con el presidente Aragón Cabrera, a comienzos de los 80. Alonso se llevará varias páginas por distintas temáticas: el Alonso en conflicto, el Alonso ídolo, el Alonso retirado con toda la gloria.

Para trabajar Este es el famoso River, Burgo se valió de material de archivo, viejas revistas, libros, VHS y YouTube. Repasó documentales y recordó vivencias, como sus viajes por el mundo para ver a River. Entre ellos, a Madrid, para disfrutar el triunfo en la final de la Copa Libertadores ante Boca. Sin dejar el fanatismo de lado (y por ende, la honestidad a veces brutal) reconoce que gran parte de la historia de River se jugaba aquel 9 de diciembre de 2018 en el Bernabéu: “River nació antes que nuestros abuelos y sobrevivirá después de nuestros nietos, pero una parte capital de la historia y del futuro corría el riesgo de pasarse al lado oscuro después del 9 de diciembre de 2018: al descenso a la B Nacional de 2011 no podíamos sumarle una final de Copa Libertadores perdida contra Boca”. Y también: “Una hipotética derrota nos habría trasladado a un bosque fantasma, por fuera de los mapas, un no lugar”.

“En Madrid define Burgo confirmamos algo que ya sabían nuestros abuelos y que también sabrán nuestros nietos. Que todo lo que hay dentro de nosotros tiene nombre y se llama fútbol”.