HERMANOS “DESUNIDOS” EN LA COPA DEL MUNDO
La esperada competencia dividirá vínculos fraternales y llevará a sus familias a alentar por partida doble mientras sus hijos juegan en seleccionados distintos.
El estreno que este Mundial hará de su formato extendido de 48 selecciones hizo posible una rareza que deslumbra al mundo del fútbol. En la gran cita que acogerán Estados Unidos, México y Canadá, habrá cuatro parejas de hermanos compartiendo la sangre, pero no la bandera: mientras que uno jugará para el seleccionado del país donde nació, el otro llevará la camiseta de la otra nación representativa de las raíces familiares. En sus hogares, así, hincharán por partida doble. Es el caso de los Williams (Iñaki juega en Ghana y Nico en España), los Doué (Désiré en Francia y Guéla en Costa de Marfil), los Souttar (Harry en Australia y John en Escocia) y los Luckassen-Brobbey (Derrick en Ghana y Brian en Países Bajos).
Hermanos hubo siempre en las Copas del Mundo. Eso no es ninguna rareza. Los casos datan incluso de la primera edición, allá en Uruguay 1930, hace casi un siglo. En aquel Mundial fueron cuatro los grupos de hermanos que jugaron: los argentinos Juan y Mario Evaristo; los franceses Jean y Lucien Laurent; y los Garza Gutiérrez, Rafael y Francisco, y Rosas, Manuel y Felipe, mexicanos en ambos casos. Su presencia tuvo un protagonismo innegable: mientras que el francés Lucien Laurent fue autor del primer gol de la historia de los Mundiales y el mexicano Manuel Rosas fue el primero en marcar un tanto en contra (aunque un partido después, ante Argentina, pudo “reivindicarse” con un doblete que, si bien no sirvió para ganar, lo eternizó como el primer futbolista en convertir de penal por una Copa del Mundo), los Evaristo fueron los primeros hermanos que disputaron la final de la máxima cita del fútbol.
Los casos continuaron e incluso hubo quienes levantaron juntos la Copa del Mundo: los alemanes Fritz y Ottmar Walter se convirtieron en los primeros hermanos en ganar el máximo trofeo, cuando vencieron en la final del Mundial 1954 a Hungría por 3-2. Los ingleses Jack y Bobby Charlton fueron los únicos que pudieron repetir este logro, en el mítico Wembley, cuando se consagraron como locales en 1966. Rene y Willy van de Kerkhof, de Países Bajos, y Bernd y Karlheinz Förster, de la República Federal de Alemania, estuvieron cerca de entrar en ese selecto grupo de hermanos campeones en 1978 y 1982, respectivamente, pero finalmente sus seleccionados cayeron en el partido decisivo.
La historia que se escribe con mayúsculas ha demostrado, entonces, que la rareza radica en otra escena. Eso peculiar ocurre cuando un Mundial recibe a dos hermanos que, acostumbrados a estar juntos, habitan en ciudades separadas y defienden el fútbol de pueblos distintos. Los Williams, quienes estrenaron esa experiencia en Qatar 2022, repetirán en la cita norteamericana. “Fue una decisión natural, cada uno tomó su camino y su decisión de forma meditada –contó Nico en la previa de la última Copa del Mundo–. Yo siempre he tenido claro que quería estar aquí y estoy muy contento de que Luis Enrique me haya dado esta oportunidad. Como bien sabe todo el mundo, quiero estar con la selección española y demostrar que valgo para estar aquí”.
María estaba embarazada de Iñaki cuando ella y su marido Félix abandonaron Ghana y, deseando un futuro mejor para la familia, cruzaron el desierto del Sahara, una parte apiñados en un camión y otra parte caminando descalzos, hasta llegar a la frontera de Melilla, en el norte de África. Aquella arena abrasadora le quemó de tal manera las plantas de los pies al padre de los Williams que sus secuelas todavía persisten. Tras trepar un alambrado y ser detenidos por la Guardia Civil, un abogado al que no olvidan los ayudó a quedarse en España. El primer hijo de los Williams nació en Bilbao y, junto a su hermano Nico, ambos se han convertido en piezas claves del Athletic que volvió a campeonar en la última década, en la Supercopa de España y la Copa del Rey. “Jugar para Ghana me permite acercarme a mis raíces, a mi cultura, a lo que mis padres me inculcaron. Estoy orgulloso de todo lo que veo y vivo representando a su país. Estoy muy feliz de haber tomado esta decisión“, contó Iñaki en diálogo con The Guardian durante sus días mundialistas en Qatar.
Compañero del mayor de los Williams en Ghana será justamente Derrick Luckassen, quien tendrá a su hermano menor Brian Brobbey compitiendo por Países Bajos. Aunque ambos nacieron en la capital neerlandesa y son hijos de un mismo matrimonio de ghaneses, el mayor lleva el apellido de su mamá y el más joven, el de su papá. Luckassen –con solo 34 minutos jugados en el seleccionado africano– entró sobre la hora al Mundial, en reemplazo del defensor Alexander Djiku.
En el caso de los Doué, que debutarán en esta Copa del Mundo, su mamá Céline es francesa –como ellos, nacidos en Angers– y su papá Maho es marfileño. Y esas, respectivamente, son las naciones que sus hijos Désiré (extremo derecho) y Guéla (lateral derecho) eligieron representar. De hecho, ni siquiera hizo falta esperar al inicio del Mundial: este jueves sus seleccionados se enfrentaron en un amistoso histórico para Costa de Marfil, que venció a Francia por primera vez en su historia. Los conducidos por Emerse Faé se impusieron por 2-1 como visitantes en Nantes y, mientras que Désiré no sumó minutos para los últimos subcampeones mundiales, su hermano Guéla fue el protagonista más importante de la victoria, ya que anotó el gol del empate y dio la asistencia para el grito triunfal.
También en el caso de los hermanos Souttar –oriundos de la ciudad escocesa de Aberdeen– sucede que su madre y su padre no tienen la misma nacionalidad. Harry, titular en la derrota por 2-1 que la Scaloneta le propinó a Australia por los octavos de final en Qatar, representará nuevamente al país del que es oriunda su mamá Heather. Su hermano John, en tanto, hará su debut bajo la bandera de Escocia, la nación de la que es nativo su papá y que regresa a los Mundiales tras 28 años.
Aunque su participación en sí ya es histórica, los hermanos del Mundial 2026 tendrán difícil igualar el récord de los Boateng. Kevin-Prince y Jérôme figuran hasta en el Récord Guinness por haber sido los primeros hermanos en enfrentarse en un partido por la Copa del Mundo, competencia en la que el primero jugó para Ghana y el segundo para Alemania. Ocurrió el 23 de junio de 2010, en la ciudad sudafricana Johannesburgo, donde los Boateng –hijos del mismo padre ghanés pero de distinta madre– coincidieron 72 minutos en el partido por la tercera fecha de la fase de grupos. Aquel día histórico para todos los hermanos del mundo, Alemania venció 1-0. Como si cruzarse en una Copa del Mundo fuera poco, el destino increíblemente volvió a enfrentar a los Boateng cuatro años después, en Brasil 2014: por la primera ronda (otra vez), empataron 2-2 y, aunque ninguno se impuso, el menor de los hermanos celebraría al final –muy a pesar de aquella Selección Argentina de Alejandro Sabella–, dándole a los alemanes el cuarto título de su historia.
Esta nota no podía acabar sin citar aquellos versos del Martín Fierro: “Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera; tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de `ajuera’”. El mítico gaucho argentino deberá taparse los ojos cuando la pelota empiece a rodar en Qatar. Los Williams, los Doué, los Souttar y los Luckassen-Brobbey estarán cada uno en lo suyo y, de cruzarse, seguramente se rasparán con ganas y sin piedad. El amor fraternal, en pausa futbolística, se restaurará cuando termine el Mundial.



















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