RIVER, DEL BORDE DEL ABISMO A LA ILUSIÓN DE SALIR CAMPEÓN
Parece mentira que este River que ahora se ilusiona con salir campeón del Torneo Apertura sea el mismo que hace dos domingos estuvo a un minuto primero y a un penal después, de ser eliminado en octavos de final por San Lorenzo en pleno Monumental. Pero así se han dado las cosas. Los dos triunfos más o menos convincentes de la semana frente a Gimnasia y Rosario Central le devolvieron el alma al cuerpo y la convicción ganadora a un grupo de jugadores a los que ese mismo domingo, ochenta mil hinchas ofuscados llegaron a pedirles “que se vayan todos y no quede ni uno solo”.
El envión triunfal de River no tomó impulso en esa noche angustiosa y angustiante. Tal vez haya comenzado tres días antes en Venezuela, la noche en la que derrotó 2 a 1 a Carabobo por la Copa Sudamericana con un gol de Maximiliano Salas en la pelota final del partido. Y un arquero improvisado (Matías Viña) por la expulsión del titular Santiago Beltrán.
River venía de perder 1 a 0 con Atlético Tucumán en el Monumental en la última fecha de la fase regular. Y en Venezuela, el equipo apenas hizo un primer tiempo pasable. Pero el técnico Eduardo Coudet y el plantel sintieron que las reservas anímicas estaban intactas. Y que a falta de fútbol, había una predisposición inquebrantable para luchar y buscar la victoria hasta el final. Esa predisposición le posibilitó empatarle dos veces el partido a San Lorenzo y después, sobreponerse a dos penales errados y a haber estado a un disparo de la eliminación.
La levantada final contra Carabobo y la remontada ante San Lorenzo fortalecieron la autoestima colectiva. River volvió a creer en sí mismo. Y con esa confianza renovada, redondeó dos actuaciones aceptables ante Gimnasia y Central. Al equipo no se le cae el juego de los bolsillos y aunque hay buenos jugadores, ninguno, a excepción de Juan Fernando Quintero, marca la diferencia. Pero la actitud colectiva fue distinta: hubo otro ánimo para presionar a los rivales, apareció un carácter más firme y aunque nadie se puso el cuadro al hombro, nadie tampoco escatimó el esfuerzo ni aflojó la tensión competitiva que se mantuvo hasta el final. Con esos atributos, valiosos pero para nada excepcionales, River desbloqueó tres niveles y ahora está a noventa minutos de anotar otro campeonato en el libro de su gloriosa historia.
Tal vez el trabajo de Coudet pueda verse más en esa intensidad que en otros detalles refinados del juego. El reemplazante de Marcelo Gallardo asumió hace dos meses y hasta aquella noche en Venezuela, River había logrado buenos resultados sin jugar especialmente bien y había sembrado dudas en sus derrotas de local ante Boca y los tucumanos. Pero más que sus ideas futbolísticas, a los jugadores parece haberlos movilizado el mensaje simple pero motivador de Coudet. Habrá que ver si con eso le alcanza para ganarle el domingo a Belgrano. Y para alzar en Córdoba un título de campeón que tan solo una semana atrás, a nadie le parecía posible y ahora, millones de riverplatenses sienten al alcance de la mano.



















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