EL OFICIO MÁS INGRATO E INESTABLE DEL FÚTBOL

EL OFICIO MÁS INGRATO E INESTABLE DEL FÚTBOL

Sometidos a la presión incesante de las hinchadas y los socios a través de las redes sociales, los dirigentes ya no pueden soportar una mala racha sin triunfos.

Con la salida de Carlos Tevez de la dirección técnica de Talleres de Córdoba, suman trece los entrenadores que debieron dejar su cargo durante el Torneo Apertura. La derrota “albiazul” en el clásico del sábado ante Belgrano y su prematura eliminación en octavos de final le puso a los hinchas en contra y convenció al presidente Andrés Fassi de que lo mejor era no renovarle el contrato a “Carlitos” y salir de inmediato a buscar un nuevo conductor para el Torneo Clausura que comenzará una semana después de la final de la próxima Copa del Mundo.

La silla eléctrica parece funcionar a tiempo completo en el fútbol argentino. Y no respeta nombres, apellidos y trayectorias. Sometidos a la presión incesante de las hinchadas y los socios a través de las redes sociales, los dirigentes ya no pueden soportar una mala racha sin triunfos, una derrota ante el rival de toda la vida o un objetivo, sea cual fuere, que no se consigue. Operan en caliente y despiden a los técnicos, el oficio más ingrato e inestable de todos. Cuando uno de ellos asume, sabe que el único proyecto que realmente importa es ganar el próximo partido. No hay otro.

Dijo hace poco Nicolás Russo, el presidente de Lanús: “Los dirigentes necesitamos logros para contener a la gente”. Por eso, para dejar a todos contentos, se juegan tantos títulos en nuestro fútbol. Por eso y cada vez más, los directores técnicos son fusibles que saltan ante el menor inconveniente. El exitismo y la ansiedad en las tribunas y los escritorios son un perro que se muerde la cola, cada vez más rápido y cada vez más seguido.

Además, la competencia incesante acelera el desgaste natural e inevitable: en este primer semestre estuvieron en juego el Torneo Apertura, la Copa Argentina y, para trece equipos, la Copa Libertadores y la Sudamericana. Jugar dos y hasta tres partidos por semana pone nerviosos a casi todos. La exposición es altísima: todos los técnicos tienen una cámara apuntándolos durante los partidos y ahora, en las copas continentales, hasta les captan las instrucciones durante las pausas de rehidratación. Solo con buenos resultados es posible escapar de ese asedio.

Orden de salida

En estricto orden de salida, Daniel Oldrá (Instituto, 2º fecha), la dupla Favio Orsi-Sergio Gómez (Newell’s, 6ª) Marcelo Gallardo (River, 6ª), Eduardo Domínguez (Estudiantes de La Plata, 6ª), Hugo Colace (Atlético Tucumán, 7ª), Iván Delfino (Estudiantes de Río Cuarto, 10ª), Guillermo Farré (Aldosivi, 11ª), Damián Ayude (San Lorenzo, 11ª), Ariel Broggi (Gimnasia de Mendoza, 12ª), Fernando Zaniratto (Gimnasia La Plata, 13ª), Gustavo Benítez (Deportivo Riestra, 13ª) y Mariano Soso (Defensa y Justicia, 16ª) fueron los antecesores de Tevez, con una salvedad: Eduardo Domínguez no renunció a la dirección técnica de Estudiantes de La Plata por los malos resultados, sino por haber recibido una oferta imposible de ser rechazada para dirigir al Atlético Mineiro en Brasil. El resto, debió armar su bolso de un día para otro. Empujado por la impaciencia generalizada.

El caso de Oldrá en Instituto fue particularmente llamativo: el entrenador mendocino no había logrado clasificar al equipo para ninguno de los playoffs de 2025 y, aunque la campaña distaba de ser buena (desde que asumió en abril, solo había ganado cuatro veces), logró permanecer en el club y rearmar el plantel a su gusto en la pretemporada. Pero como el arranque fue malo con derrotas ante Vélez y Platense, Federico Bessone Jorge Carranza, los responsables del fútbol de la “Gloria”, no dudaron en señalarle la puerta de salida luego de la segunda fecha del Apertura.

Mucho peor es lo que viene pasando en la Primera Nacional, en la que van doce fechas y más de la mitad de los equipos (19 sobre 36) ya cambiaron sus cuerpos técnicos. En total, considerando la Primera División y las tres principales categorías de ascenso (Primera Nacional, Primera B Metropolitana y Federal A), cuarenta y ocho entrenadores han sido eyectados de sus cargos.

Cuando la pelota no entra, nadie quiere esperar nada. Truena el escarmiento en las tribunas y en las redes se activa entonces el protocolo para que la silla eléctrica ejecute la próxima condena. El ambiente se torna irrespirable y el fusible salta sí o sí. Y sobre la base de un resultadismo extremo e incentivado también por ciertas terminales del periodismo, se crean los climas y se toman las decisiones. Hace rato que los dirigentes y los hinchas están convencidos de que ganar es lo único que importa

Como no hay tiempo de parar una pelota que rueda cada vez más acelerada, solo queda sentarse y esperar el nombre de la próxima víctima. No falta tanto. En el fútbol argentino, después de cada derrota, el técnico espera su telegrama de despido.