PABLO AIMAR, EL BAJISTA DEL CUERPO TÉCNICO ARGENTINO

PABLO AIMAR, EL BAJISTA DEL CUERPO TÉCNICO ARGENTINO

El exmediapunta habla poco en público, pero cuando lo hace deja conceptos muy interesantes. Su reflexión sobre la formación de juveniles.

“Para mí hay que darle más micrófono a Pablo Aimar… Es un crack. Viste que dice, ‘demasiada información al jugador tampoco le viene bien’. Hoy está toda esa onda: información, información, información. La salida dos, la salida tres… Igual hay técnicos de Primera que también ayudan. Hablan caro. Al jugador hablale claro, tranquilito. Esto es fútbol y va a ser siempre así. Con sus mejoras, su tecnología que está buena… Pero mucha agua a la planta se muere, con poca también se muere. Intermedio. No nos pasemos”, decía hace unos días Jorge “Polo” Quinteros a una radio de Rosario.

El goleador e ídolo de Argentinos Juniors, actual director de los Centros de Entrenamiento y Captación del club de La Paternal, expuso su postura sobre las nuevas generaciones de futbolistas y la llegada a Primera en los clubes de Argentina, a partir de la línea de pensamiento de Pablo Aimar y en claro partido sobre la transición que se está dando entre el jugador “vieja escuela” y el posmoderno, donde parece anularse lo lúdico y la centralidad de la formación pasa por tachar la diversión de la lista y dejar solo la presión y el éxito.

El ayudante de Lionel Scaloni cada vez que habla o profundiza su visión del fútbol, engrosa un corpus de conceptos de cita ineludible. Su sencillez, humildad y claridad para explicar, exponen una pedagogía que convive y refuerza la necesidad de que ciertas cuestiones del paradigma analógico –por ejemplo, algo tan básico como el juego– no se pierdan en el sinfín de datos que provee el avance tecnológico. Un tema que también trabaja Matías Manna –videoanalista del cuerpo técnico de Scaloni– en su novela El tiempo de los árboles, en la que se plantea no perder la esencia ante tanta sobrecarga de información, drones y GPS.

“La táctica, la pelota parada... Son necesarias y hay que trabajarlas, pero sin que le quite tiempo al juego libre porque el fútbol es un juego de picardía, de engaño. El desafío de los entrenadores es enseñarles los mecanismos, la táctica, la pelota parada sin que los niños pierdan lo que ellos sienten cuando están en el campo y cómo pueden interpretar el juego”, dijo Aimar hace poco en una charla que dio en Parlem de futbol, el programa que organiza el Área de Identidad de la Academia del Valencia.

El entrenador de Río Cuarto profesa la calma de un budista para hablar. Es defensor acérrimo de jugar por jugar y de regresar a eslabones básicos en la cadena de formación para seguir estimulando la gambeta, el caño y alimentar la usina de futbolistas habilidosos que se exportan a diario. “No me gusta escuchar que no hay jugadores creativos y no me gusta tampoco escucharlo después de hacer 800 entrenamientos automatizados. Es muy probable que no haya jugadores creativos si todo es automático y si a uno que gambetea con 15 años le decimos que no lo haga si la pierde dos o tres veces. A esa edad la van a perder dos, tres, cinco o diez veces”, reforzó en esa charla.

Aimar ama el fútbol y su trabajo no está en la primera plana ni en la agenda diaria de los medios. Su construcción como entrenador se edifica en línea con lo que es su persona y lo que pregona en la formación de un deportista. Frente a los discursos que instauran la solución y la salida en lo individual, su forma de vincularse con el juego se mueve dentro del lema tan citado de El Eternauta: nadie se salva solo. “He aprendido con los años a valorar a ese que no es primera guitarra, que no es el cantante de la banda de rock, es el que toca el bajo. No se conoce mucho al bajista, pero es fundamental. He aprendido a valorar un montón a esos futbolistas que en muchos casos no juegan. Hay varios casos en esta Selección (Argentina) y en todos los equipos. Hacen los entrenamientos bien, alientan a los demás, están siempre al pie del cañón. Son los que hacen equipo…”, dijo en una charla con la Fundación River, titulada Aprendiendo a disfrutar.

“Lo que te deja el fútbol es que no sos vos solo, no te salvas solo, estás para tus compañeros. De hecho tus compañeros son eso, son los que te tienen que salvar de tus errores y vos sos el que tiene que ayudar en sus errores. Una de las cosas que les decimos mucho a los chicos es, si todos los que están jugando se van a comprometer en recuperar rápido la pelota, yo que soy el que la tengo, me animo a hacer más cosas. Me animo a inventar, a poner mi creatividad a disposición del equipo, pero por qué, porque la puedo perder y me van a ayudar los otros diez a recuperarla”.

Aimar transmite sabiduría y refuerza su visión del deporte como herramienta para la vida. En este fútbol tan mercantilizado, adicto a llamarse “soccer”, donde las facultades del pensamiento se han vuelto enemigas del premio mayor, el entrenador riocuartense se vuelve una voz de resistencia, una especie de Paulo Freire que se niega a depositar conceptos en los futbolistas y se anula el poder de creatividad. En su clarividencia está la risa y el arte de la estrategia. El fuego de la invención. El Payasito, como le dicen, piensa, intuye, llora, juega y se sienta en la misma mesa que César Luis Menotti y Carlos Bilardo. “La intuición es la velocidad punta de la inteligencia”, dijo Jorge Valdano.

Eso promueve Aimar. Vehiculiza metáforas, poesía y las charlas de fútbol vuelven a tener más sentido. Hay que darle más micrófono.